17.10.26

Domund 2026

 


En esta jornada el papa León XIV nos recuerda que la misión evangelizadora es responsabilidad de toda la Iglesia y de todos los bautizados. En este año 2026 celebramos, además, el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, instituida por el papa Pío XI en 1926.

1. Unidos en Cristo

La misión comienza con nuestra unión con Jesús. Ser cristianos no consiste solamente en cumplir unas prácticas religiosas, sino en vivir unidos a Cristo, escuchando su Palabra y dejando que su amor transforme nuestra vida.

Esta unión con Jesús nos lleva también a vivir unidos a nuestros hermanos, superando las divisiones, los enfrentamientos y las desconfianzas. La diversidad de dones y carismas no debe separarnos, sino enriquecernos y ayudarnos a trabajar juntos.

2. Todos estamos llamados a la misión

El anuncio del Evangelio no es tarea exclusiva de los sacerdotes, religiosos o misioneros que marchan a otros países. Todos los bautizados estamos llamados a ser misioneros, cada uno desde su vocación y sus circunstancias personales.

Podemos anunciar a Jesús mediante nuestras palabras, pero también con nuestro ejemplo, nuestra generosidad, nuestra capacidad de perdonar y nuestra cercanía a quienes sufren. La unidad de los cristianos hace visible el amor de Cristo y ayuda a que otras personas puedan encontrarse con Él.

3. La misión nace del amor

El centro de la misión es anunciar y compartir el amor fiel de Dios, manifestado en Jesucristo. Los misioneros y misioneras entregan su vida para llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo, incluso en lugares marcados por la pobreza, los conflictos y las dificultades.

El Papa nos invita a sostener su labor mediante tres formas concretas de colaboración:

  • La oración, para acompañar espiritualmente a quienes anuncian el Evangelio.

  • La generosidad, mediante nuestra ayuda económica a las misiones.

  • El testimonio de vida, mostrando con nuestras acciones el amor de Dios, especialmente a los más pobres y necesitados.

El Papa agradece especialmente la entrega de los misioneros y nos anima a pedir nuevas vocaciones misioneras, capaces de llevar la esperanza de Cristo a quienes todavía no lo conocen.