Estamos llegando al final del año litúrgico y las lecturas de la Eucaristía apuntan hacia el final de la historia y la venida gloriosa del Señor. Hoy con la parábola de las vírgenes preparadas, Jesús toma ese hecho cotidiano de una boda para invitarnos a vivir también nosotros dispuestos para entrar en el banquete eterno.
Todos estamos invitados a esa boda, a esa fiesta de Dios. Pero nadie sabe cuándo va a comenzar. La propuesta del banquete del Reino que Dios nos hace, pide de nosotros que nos preparemos, que estemos dispuestos y atentos para acudir, para sumarnos a ese proyecto de vida, ya aquí y ahora.
El secreto y la clave está en permanecer, perseverar en el amor. Si queremos tener luz, y dar un poco de luz a nuestro alrededor, solo hay un camino: el del amor y la entrega, gastándonos sirviendo a los demás.
Fr. Juan Carlos Cordero de la Hera O.P.
