Estas son las fechas de las sesiones de catequesis del 2º trimestre.
Cursos Segundo y Tercero Postcomunión
- Enero: 11, 18, 25 - Enero: 11, 25
- Febrero: 1, 8, 22, 28 - Febrero: 8, 22
- Marzo: 1, 8, 15, 22 - Marzo: 8, 22
Estas son las fechas de las sesiones de catequesis del 2º trimestre.
- Enero: 11, 18, 25 - Enero: 11, 25
- Febrero: 1, 8, 22, 28 - Febrero: 8, 22
- Marzo: 1, 8, 15, 22 - Marzo: 8, 22
Ante el pesebre pedimos que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; que se apaguen tantos focos de tensión, que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas, respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos.
Niño de Belén, Profeta de paz, alienta las iniciativas de diálogo y de reconciliación,
apoya los esfuerzos de paz que aunque tímidos, pero llenos de esperanza, se están haciendo actualmente por un presente y un futuro más sereno para tantos hermanos y hermanas nuestros en el mundo.
¡Por doquier se ve la necesidad de paz! Tú, que eres el Príncipe de la verdadera paz, ayúdanos a comprender que la única vía para construirla es huir horrorizados del mal y buscar siempre y con valentía el bien.
¡Hombres de buena voluntad de todos los pueblos de la tierra, venid con confianza al pesebre del Salvador!
Llegad para encontraros con Aquél que viene para enseñarnos el camino de la verdad, de la paz y del amor.
S. Juan Pablo II
La Luz de la Paz de Belén se encuentra ya en Asturias para ser repartida.
Los miembros de los Scouts católicos de nuestra diócesis fueron hasta Linz (Austria) para recoger la Luz de Belén que se repartió este domingo en la Catedral. La diócesis asturiana es la encargada de distribuir por todo el país esta luz que llega desde Belén. Un símbolo de paz, esperanza y solidaridad que recorrerá hospitales, residencias, parroquias y centros educativos.
Las angustias, los miedos y las
ansiedades por la vida personal o por lo que ocurre en el mundo de hoy pesan
«como piedras» y llevan al desánimo; las preocupaciones «agobian el corazón» y
llevan a encerrarse en uno mismo. Pero haciendo espacio a Jesús es posible
«redescubrir la esperanza», especialmente en el tiempo que nos prepara a la
Navidad. Siempre hay una palabra de esperanza, como dijo Jesús a sus discípulos: «Levantaos y alzad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación»
La preocupación del Maestro es que sus corazones
no se agobien y que esperen con vigilancia la venida del Hijo del hombre. La
invitación de Jesús es ésta: levantar la cabeza y mantener el corazón ligero y
despierto.
Mirar al cielo para comprender las cosas de la
tierra
De hecho, muchos de los
contemporáneos de Jesús, ante los «acontecimientos catastróficos que ven
suceder a su alrededor -persecuciones, conflictos, catástrofes naturales- se
sienten embargados por la angustia y piensan que se acerca el fin del mundo» y
«sus corazones están agobiados por el miedo».
Jesús, sin embargo, pretende «liberarlos de las
angustias actuales y de las falsas convicciones», indicándoles cómo estar
«despiertos en el corazón», cómo leer los acontecimientos a partir del plan de
Dios, que «obra la salvación» incluso dentro de «los acontecimientos más
dramáticos de la historia». Por eso, explica, les sugiere «dirigirla mirada al
Cielo para comprender las cosas de la tierra».
El amor de Dios que salva en todo momento
Todos nosotros, en tantos momentos de la vida, nos
preguntamos: cómo hacer para tener un corazón “ligero”, despierto y libre. Un
corazón que no se deja aplastar por la tristeza.
Jesús nos invita “a confiar
en su amor que nos quiere salvar y que se hace cercano en cada situación de
nuestra existencia, a hacerle espacio para volver a encontrar la esperanza” y
añade:
Preguntémonos, pues: ¿está mi corazón agobiado por
el miedo, las preocupaciones, las angustias por el futuro? ¿Sé mirar los
acontecimientos cotidianos y las vicisitudes de la historia con los ojos de
Dios, en la oración, con un horizonte más amplio? ¿O me dejo vencer por el
abatimiento?
Que este tiempo de Adviento sea una ocasión
preciosa para levantar la mirada hacia Él, que aligera el corazón y nos
sostiene en el camino.
Francisco